Los piojos en adolescentes son mucho más habituales de lo que parece. No son cosa solo de niños pequeños: muchos chicos y chicas de instituto también se contagian. Lo que cambia con la edad es cómo se vive. Para los padres, los piojos son una cruz; para un adolescente, pueden ser un auténtico trauma. Y no debería ser así. Los piojos son insectos, no son peligrosos y no transmiten ninguna enfermedad. Su único problema es que se contagian, y eso tiene solución.
Por qué los adolescentes se contagian de piojos
Los piojos no saltan ni vuelan: pasan de una cabeza a otra por contacto directo. Y a esa edad, el contacto cabeza con cabeza es constante:
- Selfis y fotos en grupo, con las cabezas pegadas.
- Abrazos y ratos mirando juntos el mismo móvil o el mismo libro.
- Cepillos, peines y gomas del pelo que se prestan entre amigos.
- El pelo largo y suelto, que facilita que los piojos pasen de una cabeza a otra.
- La vergüenza: muchos lo ocultan y no avisan a sus amigos, así que los piojos siguen circulando por el grupo.
Por qué a los padres se nos pasa
A partir de cierta edad dejamos de peinarlos por la mañana. Se lavan la cabeza solos, muchos llevan el pelo suelto a diario y el picor puede tardar semanas en aparecer. Mientras tanto, la infestación avanza sin que nadie se dé cuenta.
Es una escena que conocemos bien. Una madre se acerca a dar un beso a su hija de 15 años, que está estudiando, y ve un bichito negro sobre el libro. «¿Qué es eso?». En una décima de segundo se pasa de la concentración al ataque de pánico: piojos y una cantidad enorme de liendres que, en su pelo oscuro, se ven a la legua. «No sé cómo ha pasado, ni siquiera me pica», contesta ella. Que no pique no significa que no haya piojos.
Piojos y vergüenza: cómo lo vive un adolescente
Si hay algo que preocupa a un adolescente es su aspecto y la imagen que da a los demás, y tener piojos no ayuda. «Joooo, tía, tengo piojos» puede ser la frase más difícil de decir a esa edad. En nuestros centros hemos visto a adolescentes, e incluso a jóvenes de 20 años, llorar de vergüenza por tener piojos.
Los padres podemos empeorarlo sin querer. A veces les contagiamos algo peor que los piojos: la «pediculihisteria». Si además no queremos ni acercarnos a ellos, el daño puede ser mucho mayor que el de la propia infestación. Cuando el tema es tabú y no tienen con quién hablarlo, se encierran en sí mismos y cargan con una culpa absurda: por haberse contagiado y por poder contagiar a sus amigos o a su familia.
No hay que entrar en pánico, ni montar un drama, ni aislar al adolescente. Hay que tratarlo con naturalidad, como cualquier otro problema que tiene solución.
Qué hacer si tu hijo adolescente tiene piojos
Calma: no hace falta desinfectar la casa
Lo primero que viene a la cabeza es lavarlo todo: sábanas, ropa, el nórdico, el colchón, el sofá, las alfombras… y meter peines y cepillos en alcohol o en lejía. No hace falta llegar a tanto. Fuera de la cabeza, el piojo sobrevive poco tiempo. Basta con lavar a 60 °C la ropa de cama, las toallas y las gorras que haya usado en los últimos días y dejar peines y cepillos unos minutos en agua caliente.
No encadenes champús y lociones
Muchas familias llegan a nuestros centros después de probar todos los champús y lociones «matapiojos» del mercado, con mucho dinero y mucha energía gastados y el problema sin resolver. El uso inadecuado de estos productos ha hecho que los piojos sean cada vez más resistentes. Por la misma razón, no conviene aplicar productos antiparasitarios para prevenir: solo se consigue que los piojos se hagan más fuertes y cueste más eliminarlos.
Acude a un centro especializado
Lo más sensato es tratarlo cuanto antes y con profesionales. En los centros Kids & Nits hacemos un diagnóstico sin compromiso, y nuestro tratamiento para eliminar piojos y liendres se hace en una sola sesión de entre 30 y 60 minutos, con total discreción:
- Deshidratación de piojos y liendres con NITTER, un dispositivo de aire caliente a alta velocidad y temperatura controlada.
- Aspiración de todos los restos.
- Verificación del cabello con lupas de alta graduación.
Es un método mecánico, sin insecticidas ni productos químicos, y con garantía por escrito. Además, un especialista le explica a tu hijo qué son los piojos y cómo evitarlos, algo que a esa edad se escucha mejor fuera de casa.
Avisa a sus amigos y revisa a la familia
Es muy importante que avise a sus amigos de que tiene o ha tenido piojos. A muchos les cuesta por vergüenza, pero cada vez más entienden que es la única forma de frenar el contagio. Muchos de los adolescentes que hemos tratado lo han normalizado ellos mismos, y dan lecciones de sensatez y madurez a más de un adulto con prejuicios. Revisa también al resto de la familia, adultos incluidos.
Cómo prevenir los piojos en adolescentes
Pedirle a un adolescente que lleve el pelo recogido a clase o que no junte la cabeza con sus amigos para hacerse una foto es una batalla perdida. Lo realista es que la prevención sea un hábito más de su higiene:
- Lendrera una vez a la semana. Mejor si se la pasa él mismo y comprueba que funciona.
- Un preventivo natural. Los productos preventivos con ingredientes naturales ayudan a mantener alejados a los piojos, aunque no garantizan una protección total. Los antiparasitarios, solo cuando ya hay piojos.
- Cepillos y peines, cada uno los suyos. Prestarlos es una de las formas de contagio más habituales entre amigos.
Si se toman en serio estos tres gestos, ellos y sus amigos tendrán bajo control a esos inquilinos. Y si aun así aparecen, nunca hay que desesperar: pide cita en tu centro Kids & Nits más cercano y lo solucionamos en una sola sesión.
Preguntas frecuentes sobre los piojos en adolescentes
¿Tener piojos es falta de higiene?
No. Al piojo le da igual que el pelo esté limpio o sucio: se contagia por contacto, cabeza con cabeza. No hay nada de lo que avergonzarse.
¿Los adultos también pueden tener piojos?
Sí. Los piojos afectan sobre todo a niños, pero cualquiera que tenga contacto con una cabeza con piojos puede contagiarse, también adolescentes, jóvenes y adultos.
¿Por qué tengo piojos si no me pica?
Porque el picor puede tardar semanas en aparecer, sobre todo la primera vez. Por eso la revisión semanal con lendrera es la mejor forma de detectarlos a tiempo.