Los piojos en adultos son más habituales de lo que parece. Afectan sobre todo a niños de entre 4 y 12 años, pero cualquiera que tenga contacto cabeza con cabeza con ellos puede contagiarse: madres, padres, hermanos mayores y abuelos. En nuestros centros no tratamos solo a niños, y muchas veces son los adultos sin revisar los que hacen que los piojos vuelvan a casa una y otra vez.
¿Por qué se contagian los adultos de piojos?
Los piojos no saltan ni vuelan: pasan de una cabeza a otra por contacto directo, y basta un momento. El beso de buenas noches, una película en el sofá con los niños apoyados en tu hombro, una partida a la consola o el cuento antes de dormir son ocasiones perfectas.
Los adolescentes y los adultos jóvenes se contagian además entre ellos: fotos en grupo con las cabezas pegadas, ratos mirando juntos el mismo móvil, abrazos. Y a los piojos les da igual la edad o la higiene. Donde hay pelo, pueden instalarse.
«Pero si casi no tengo pelo»
Es lo que más oímos de los padres: «¿A mi edad?», «Si casi no tengo pelo». La clave está en ese «casi». La única forma de que un piojo no se instale es no tener nada de pelo. Con poco pelo el contagio es menos probable, pero no imposible, y en nuestros centros hemos visto casos difíciles.

Si hay pelo, puede haber piojos.
¿Y a los padres quién nos mira?
Cuando aparecen los piojos, todos nos acordamos de tratar a los niños, pero casi nadie revisa a los adultos. Una madre que vino a nuestro centro de Alcorcón nos lo contó muy bien. Ese verano los niños habían ido a campamentos de día cerca de casa, y después pasaron una semana todos juntos de vacaciones: playa, excursiones, parques temáticos y noches durmiendo en la misma cama. Con ellos viajaron unos polizones, y volvieron a casa convertidos en una familia numerosísima.
Llevaron a los niños a quitarse los piojos y volvieron al colegio sin ellos. Pero el marido no paraba de rascarse, ella decía que se había quedado sin cuero cabelludo, y cada uno aseguraba que no veía nada en la cabeza del otro. Al final vinieron también ellos, y lo resolvimos en una sola sesión.

Los padres también se contagian de piojos, y no tienen quien los mire.
Es muy habitual. Muchas familias llegan a nuestros centros desesperadas porque no consiguen acabar con los piojos, y el motivo es que nadie había revisado a los padres. Además, los piojos no se van de vacaciones: en verano los niños siguen en contacto con otros niños, y los adultos solemos bajar la guardia.
Las abuelas tampoco se libran
Muchas abuelas pasaron años quitando piojos y liendres a sus hijos, y ahora se los contagian sus nietos, con los que pasan tanto tiempo. Y su reacción suele sorprender.
Una vez atendimos a una abuela de 82 años a la que había contagiado su nieta. Esperábamos encontrarla enfadada o avergonzada, y fue justo al revés: estaba encantada. Prefería mil veces los piojos a un catarro, que a su edad podía acabar en neumonía. Durante el tratamiento nos explicó por qué estaba tan contenta. De niña era menuda y delgada, y sus hermanas y primas, que tenían piojos a menudo, se burlaban de ella porque nunca los cogía: decían que los piojos no la querían porque no tenía «sustancia». Así que, en cuanto supo que tenía piojos, las llamó desde el centro para contárselo. Ochenta años después, por fin había ganado.

Cómo saber si tienes piojos siendo adulto
La señal más habitual es el picor en la cabeza, sobre todo en la nuca y detrás de las orejas, pero puede tardar semanas en aparecer, así que no rascarse no significa no tener piojos.
Revisarse uno mismo es difícil. Lo mejor es que te revise otra persona con buena luz y una lendrera. Si lo haces tú, mójate el pelo, ponte acondicionador y pásate la lendrera por toda la cabeza delante del espejo, limpiándola en un papel blanco después de cada pasada para ver si salen piojos o liendres. Si tienes dudas, en nuestros centros hacemos un diagnóstico sin compromiso.
Si alguien tiene piojos, revisa a toda la familia
Cuando un miembro de la familia tiene piojos, hay que pasar la lendrera a todos: niños, adultos, el padre con poco pelo y los abuelos que cuidan de los nietos. La lendrera no daña el pelo ni el cuero cabelludo, y es la única forma de saber quién necesita tratamiento y quién no. Lo que no conviene es usar productos químicos «por si acaso»: no previenen los piojos y ayudan a que se hagan resistentes. Aquí tienes cómo prevenir los piojos en casa y qué hacer si te llega la carta de piojos del colegio.
Tratamiento para eliminar piojos en adultos
Nuestro tratamiento para eliminar piojos y liendres sirve a cualquier edad, también para embarazadas y personas mayores, porque es mecánico y no lleva insecticidas ni productos químicos. Deshidratamos piojos y liendres con NITTER, un dispositivo de aire caliente a temperatura controlada, aspiramos los restos y revisamos el pelo con lupas de alta graduación. Se hace en una sola sesión de entre 30 y 60 minutos, según el tipo de cabello y la infestación, y tiene garantía por escrito.
Si valoras tu tiempo y no quieres seguir gastando dinero en productos que no funcionan, ponte en manos de profesionales y dedica ese tiempo a los tuyos. Pide cita en tu centro Kids & Nits más cercano.